martes, 24 de noviembre de 2015

Neuroética y Neuroeducación



  Antonio M. Battro

Doctor en Medicina  (Universidad de Buenos Aires). Doctor en Psicología (Universidad de Paris).
Miembro de la Pontificia Academia de Ciencias y de la Academia Nacional de Educación.
Director de  International Institute of Mind, Brain and Education: Ettore Majorana Centre for Scientific Culture. Erice, Italia www.ccsem.infn.it
Presidente  de IMBES, International Mind, Brain and Education Society. www.imbes.org
Jefe de Educación, One Laptop per Child, Cambridge, Massachusetts. www.laptop.org



El gran tema en toda nuestra educación es convertir al sistema nervioso en nuestro aliado y no en nuestro enemigo
William James. (The principles of psychology, 1890)


Se trata de introducir una nueva forma de encarar la educación con el auxilio de las ciencias del cerebro y de la mente. Llamamos neuroeducación a esta nueva interdisciplina y transdisciplina que promueve una mayor integración de las ciencias de la educación con aquellas que se ocupan del desarrollo neurocognitivo de la persona humana (Battro & Cardinali, 1996). Interdisciplina en tanto es la intersección de muchas disciplinas relacionadas con el aprendizaje y la enseñanza en todas sus formas, transdisciplina en cuanto es una nueva integración, absolutamente original de aquellas en una nueva categoría conceptual y práctica (Koizumi, 2006). Ello implica la formación de “neuroeducadores” entre los docentes interesados por la investigación en neurociencias y entre los neurocientíficos interesados en la educación, es decir se abre la puerta a una nueva profesión y a un nuevo tipo de expertos.

NEUROÉTICA Y NEUROEDUCACIÓN

La educación trata esencialmente de valores. No es una práctica más, una simple transmisión de habilidades útiles o un mero instrumento para alcanzar determinados objetivos. Los valores trascienden las culturas, son universales, hacen a la dignidad de la persona humana en toda circunstancia y lugar. Nos remiten a la moral y a la ética, a las normas y a las leyes, a las obligaciones y a los derechos, a la solidaridad y a la justicia. La neuroeducación debe también explicitar sus valores tanto más cuanto es una disciplina en sus comienzos cuyas fronteras no han sido aún exploradas y cuyos métodos están a prueba. Se trata de un verdadero desafío teórico y práctico que es preciso encarar desde el comienzo.

La neuroética en sí es una nueva disciplina que se ha desarrollado en gran medida a partir de la bioética y en estrecha relación con la práctica médica, especialmente con la neurología. Pero como hemos visto la neuroeducación va mucho más allá de las intervenciones clínicas (discapacidad, trastornos del aprendizaje, etc.) y  la neuroética ya ha avanzado suficientemente como para permitir un debate conceptual y una acción acorde (Marcus, 2002, Illis, 2005, Rolbin & della Chiesa, 2010). Se trata ahora de proyectar ideas éticas y acciones de valor moral en un campo desconocido, en un mundo difícil de imaginar en la educación pero posible. Por ejemplo, hay experimentos con prótesis cerebrales que permiten controlar ciertas funciones de una computadora o un robot con la mente, con sólo pensar, sin necesidad de realizar una acción, hablar, oprimir un botón o mover una palanca. Estas prótesis podrán ser aplicadas en la educación especial y en la rehabilitación de personas discapacitadas. Hay empresas farmacéuticas con proyectos dedicados a crear drogas que podrían favorecer la adquisición de conocimientos. Habrá padres que podrían optar por estas drogas para sus hijos en edad escolar y habrá instituciones que las prohibirán, otras que las aceptarán. Es difícil profetizar en estos escenarios inéditos, pero ya el debate está abierto, especialmente en lo que se refiere a la invasión de la intimidad de las personas al observar (y modificar) el funcionamiento de su cerebro.

De alguna forma se abre un campo de debate inédito por dos razones, la primera es que la neuroética hasta el momento se ha ocupado predominantemente de temas relacionados con la medicina y las leyes, en cuestiones relacionadas con la responsabilidad de personas con lesiones cerebrales, de los efectos de medicamentos e intervenciones quirúrgicas sobre el funcionamiento cerebral, de los procedimientos para asegurar un consentimiento válido del paciente neurológico, etc., y no de asuntos ligados a la enseñanza y el aprendizaje. La segunda razón deriva de la constitución misma de una nueva profesión, la de “neuroeducador”, que se encuentra en ciernes, y que trata de crear su propio ámbito ético y moral. Las profesiones más antiguas tienen un código de conducta, los médicos desde la antigüedad adhieren a los principios hipocráticos, y el primero de ellos es “no provocar daño”, “primum non nocere”. La nueva neuroeducación  por el momento asimila los códigos éticos de las disciplinas más afines, la medicina y la educación, pero aún debe crear sus propias normas. Ante todo la neuroética es una nueva rama de la ética, la última que ha surgido en su larga historia y como tal sometida a los vaivenes de la tecnología del momento, a la casuística creciente, a las diferencias culturales por una parte, y por otra abierta a una integración progresiva y dinámica de las cuestiones éticas al campo de las neurociencias.

En mi consideración, como compiladora de este artículo considero de gran importancia dar a conocer que existe la NEUROÉTICA, lo cual es un indicio del gran avance de las ciencias que estudian el cerebro y la necesidad que existe para protegernos ante ese conocimiento que nos arropa cada vez con mayor fuerza… Se hace necesario que los pacientes, estudiantes, profesores, familias y comunidades estén al tanto de los aspectos positivos de estos avances tecnológicos y científicos y también de los aspectos que son importantes cuidar para mantener un equilibrio ciencia, educación, neurología y humanidad.


Compiladora: MSc. María Elva Ramírez S.
Correo Electrónico: mariaelva15@gmail.com






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