EDUCANDO EL CEREBRO
MSc.
María Elva Ramírez S.
Correo:
mariaelva15@gmail.com
Cualquiera
puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona
adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno.
Con
el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan
sencillo.
Aristóteles,
Ética a Nicómaco.
Con
el pasar de los años a medida que avanza el conocimiento científico se ha
logrado demostrar que la enseñanza tradicional ya no cubre las expectativas
para las nuevas generaciones. Se ha evidenciado que el aprendizaje basado
en la memorización no es la mejor manera de lograr que nuestros estudiantes se
apropien de un aprendizaje significativo.
Al
respecto, los docente en la actualidad no tienen excusa para dejar a un lado su
capacitación en relación a: ¿Cómo aprende el cerebro?, lo que constituye la
base para enseñar, por lo cual es necesario conocer algo sobre su
estructura. Durante toda la historia de la humanidad las emociones han
estado presente en las aulas de clase, pero no siempre se han tomado en cuenta,
ha predominado la razón y la lógica sobre la inteligencia emocional. En la
actualidad, especialmente desde el año 1996 se ha venido concienciando que el
cociente intelectual no garantiza el éxito en la vida, en contraposición a esta
afirmación diversos estudios científicos han logrado comprobar que una persona
que posee la inteligencia emocional y por ende dominio de la inteligencia
intrapersonal e interpersonal puede tener garantizado su éxito a nivel
personal, profesional, familiar y social.
En
este sentido Goleman (1996), plantea en su libro inteligencia emocional un
ejemplo muy claro en relación a inteligencia emocional y cociente intelectual:
El
CI no basta para explicar los destinos tan diferentes de personas que cuentan
con perspectivas, educación y oportunidades similares. Durante la década de los
cuarenta, un período en el que —como ocurre actualmente— los estudiantes con un
elevado CI se hallaban adscritos a la Ivy League de universidades, (La Ivy
League constituye un grupo selecto de ocho universidades privadas de Nueva
Inglaterra famosas por su prestigio académico y social.) se llevó a cabo un
seguimiento de varios años de duración sobre noventa y cinco estudiantes de
Harvard que dejó meridianamente claro que quienes habían obtenido las
calificaciones universitarias más elevadas no habían alcanzado un éxito laboral
(en términos de salario, productividad o escalafón profesional)
comparativamente superior a aquellos compañeros suyos que habían alcanzado una
calificación inferior. Y también resultó evidente que tampoco habían conseguido
una cota superior de felicidad en la vida ni más satisfacción en sus relaciones
con los amigos, la familia o la pareja (p.26).
Para
concluir, se resalta la importancia de una “educación consciente de los aportes
que la Neurociencia le puede aportar”, la misma debe concebirse de forma
interdisciplinaria, esta visión y práctica proporcionará a las nuevas
generaciones el reconocimiento del potencial humano como un ser
bio-psico-social que tiene un cumulo de experiencias, pensamientos,
sentimientos, emociones y habilidades dejando atrás la educación tradicional
para de esta manera lograr que desde los primeros años de vida en los niños y
niñas se promueva una educación que multiplique las conexiones entre las
neuronas y entienda los cambios que se manifiestan en la etapa de la
adolescencia lo que como consecuencia les genera conductas y emociones que son
características propias del ser humano en esa etapa del desarrollo, por lo que
la educación emocional para el reconocimiento y control de la emociones debe
formar parte de la enseñanza integral del individuo.
Referencias:
Goleman, D. (1996). Inteligencia Emocional. Katros. Información en
línea. Disponible en: http://www.hacienda.go.cr/cifh/sidovih/cursos/material_de_
apoyo-F-C-IFH/2MaterialdeapoyocursosCICAP/5InteligenciaEmocional/Inteligencia
mocional.pdf
MSc.
María Elva Ramírez S.
Psicopedagoga
Correo
Electrónico: mariaelva15@gmail.com
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